domingo, 4 de diciembre de 2011

LIC. JOSE ALEJANDRO NERIO PINEDA


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LIC, JOSE ALEJANDRO NERIO PINEDA

Historiador, Investigador de Sonsonate













EL CUENTO
DE UNA VENTANA EN LA AVENIDA MORAZAN
JOSE ALEJANDRO NERIO PINEDA
III LUGAR EN LOS XX JUEGOS FLORALES SONSONATECOS 2010



NOTA DEL AUTOR

La primera edición por mandato de ley de los Juegos florales, pertenece a CONCULTURA, razón por la cual esta será llamada edición electrónica, pues toda obra es para ser leida, disfrutada, comentada; pero sobre todo discutida.

Lic. JOSE ALEJANDRO NERIO PINEDA.


Los vientos de Octubre soplaban sobre Sonsonate aquellos días, vientos que anunciaban las postrimerías de aquel año, para los habitantes que con el tiempo olvidaron los hechos que los envolvieron para siempre en la historia.
En una cómoda habitación el Lic. Carlos Villalta encendía un cigarro, mientras se recostaba en un confortable sillón de cuero muy fino.
Sobre la mesa un candelero de cobre muy bien tallado y con tres velas le alumbraban la espalda y frente a el una pintura de una mujer parecía verlo directamente a los ojos y el simplemente exclamaba:
-Madre, como te extraño.
-Tenías Razón acerca de Laura.
Una sombra muy pequeña llego hasta el; era su hijita Katia la cual le extendió los brazos para que la alzara, acto seguido recostó su cabecita en el hombre que la había dado la vida y le pregunto:
-¿Papi, donde esta mami?
El lic. Carlos Villalta, trato de explicarle con una gota de mentira, que su madre se encontraba en casa de su tía Coralina, mientras la paseaba cariñosamente se fue quedando dormida con el rostro entristecido. La sirvienta de la casa se acerco y le pidió a la niña la cual fue conducida a su habitación y entre sabanas limpias y calientes se durmió sin sospechar que el mundo para ella jamás seria el de un niño normal.
Carlos Villalta se sentó y hecho un poco de licor en su copa mientras sus recuerdos volaban al día aquel cuando conoció a Laura en Antigua Guatemala.
Su cabello era llevado por la brisa chapina tempranera y un listón rojo hacia juego con el abrigo que ese día portaba.
Sus ventanas por una casualidad del destino quedaban a la par, por lo que cada día al amanecer mientras el regaba las flores del hotel, ella daba de comer a aquellos pájaros silvestres que llegaban a su ventana por un poco de almizcle.
De reojo el la miraba mientras ella ni siquiera parecía inmutarse ante la persona de aquel desconocido, pero los caminos de la vida no son como los pensamos sino como se cruzan a su antojo; y una mañana mientras ella bajaba por la gradas de aquel hotel, uno de sus cordones que adornaban sus botas blancas se trabo en la escalinata, llevándola a caer de bruces por las gradas sin que nadie la pudiera detener excepto unas manos que salieron para impedir que su linda cara como de una hada de cuentos golpear el suelo, eso si de sus rodillas comenzó a salir sangre real, parecía ser azul, pues no era roja y en grandes cantidades.
El saco su pañuelo y después de limpiar con su camisa de ceda hato su pañuelo bordado en la herida de aquella criatura de Dios que estaba pálida más de vergüenza que por el dolor.
Un mar de gentes se había congregado ya, y el héroe doctor se disponía a marcharse a su habitación cuando escucho la voz que parecía en su corazón provenir de los mismos Ángeles celestiales, la cual le daba las gracias, solo se sonrojo, y al pasar a la par de las escalinatas cómplices de aquella mañana les exclamo:
- Gracias por darme la mejor mañana de mi vida, pero solo en el pensamiento, pues pasaba junto a la madre de la doncella.
El almuerzo de medio día se habría llevado a cabo con total naturalidad, el cordero tierno con habichuelas y el vino de temporada era el menú de los comensales.
Un pastel de queso apareció justo cuando Carlos Villalta se disponía ha descorchar una botella, al levantar su mirada pudo contemplar que era aquella que le robaba el sueño y que ahora le robaba para siempre el corazón.
- Gracias señor Villalta, exclamo la madre a escasos metros.
- De nada, fue un placer: dijo Carlos Villalta mientras penetraba su mirada en los ojos de Laura.
- Pero hija, sírvele pastel de queso a don Carlos.
- ¿Café o chocolate?, estimado don Carlos, fueron las frases de la Madre de Laura.
- Café dijo Carlos, y mientras saboreaba aquel pastel de queso sabía que los deseos se cumplen y que la vida le sonreía una vez más.

Terminaron el cordero, los vinos y se dispusieron ir ha sentarse a una mesita que estaba en un jardín del hotel, mientras el agarro la mano de Laura y la condujo. Laura parecía flotar al caminar cual elegancia de niña educada en Europa. Comenzaron a conversar acerca de los negocios de Carlos Villalta a lo que la madre de la joven parecía interesarle cuando el le expreso que trabajaba para una empresa que exportaba café de El Salvador, razón por la cual viajaba por el mundo buscando nuevos clientes.
Los días de vacaciones llegaron a su fin, Carlos Villalta empacaba sus camisa de seda y otras cosas personales cuando justo en la mesa contemplo la presencia de un sobre color rosado adornado con graciosos listones y con un aroma que impregnaba su habitación.
Destapo el sobre mientras su pensamiento viajo hacia los más profundos presentimientos, ha pesar de ser solo unas pocas líneas que decían:
- Te espero en el jardín dentro de una hora.
Su sangre fue bombeada por su corazón a mil kilómetros por segundo cuando observo que la remitente era Laura.
Fue la espera mas larga de su vida, el cucù de pared parecía clavado y hasta se pregunto: ¿Estará descompuesto?, pues la aguja minutera no avanzaba.
El tiempo exacto se cumplió y bajo por las escaleras que daban al jardín; se encontraba tan excitado que había olvidado ponerse sus botas de cuero de lagarto y solo un tropezón que casi le corta un dedo del pie lo hizo volver a su habitación y calzarse aquel desafortunado reptil.
Ahí estaba Laura, como siempre, como Diosa, como Nefertiri, su mirada se fijo en lo ojos de Carlos y este la condujo a una mesa donde los esperaba un café y un pan de manzana. Carlos se preguntaba y se admiraba de la delicadeza de Laura que era capaz de no botar ni siquiera una migaja. Así de simple, así de delicada era.
Se despidieron mientras Laura entregaba una canasta con chocolates pidiéndole que no la abriera hasta que el estuviera en su país y así lo hizo Carlos, quien voló hasta su tierra, aquella que esta bajo la sombra del Faro del Pacifico.
El tren que lo llevaba desde el sitio del niño hasta Sonsonate tenía que pasar por varios poblados, por lo que Carlos quería volar y llegar, sobre sus piernas estaba aquella canasta con chocolates y que poseía una nota que no podía ser leída hasta entrar a su casa.
Por fin el reloj fue generoso con Carlos y estaba justo como a las cuatro de la tarde en su Sonsonate, se dispuso caminar rápido pues su casa quedaba a escasas cuadras de la estación del tren y así mientras dejaba atrás a la serpiente de hierro cruzo el puente que esta sobre el rió Sensunapan, al llegar a la esquina saludo a unos amigos que salían del hotel que estaba justo frente al puente Nicanor Fonseca y después de un par de cuadras mas estaba frente a su residencia.
Esta era más bonita que las demás que existían por esa fecha en Sonsonate, tenía una puerta de madera muy bien cubierta con barniz y una cabeza de caballo era lo que golpeaban para que los sirvientes abrieran la puerta principal.
No fue necesario golpear pues su madre lo esperaba en las gradas que estaban en la entrada, el al verla la abrazo y le dio un beso en la mejilla mientras ella le manifestaba que la cena lo aguardaba.
La mesa estaba servida sobre blancos y muy finos manteles, los cubiertos encima de esta haciendo compañía de los platos que con las lámparas de techo parecía que irradiaban un reflejo, así era la vajilla de plata usada por los señores de posición como Carlos Villalta. Eduviges sirvienta que había llegado a la casa de Carlos justo antes de llegar ha la vida, le llevo el periódico a lo que el exclamo:
-Gracias mama Duvi; y después de unos cortos minutos se dirigió a su habitación para abrir la canastilla que la habían regalado Laura en Antigua Guatemala. Mientras saboreaba un chocolate color blanco abrió el sobre y comenzó a leer muy despacio letra por letra, en la carta Laura le decía que dentro de diez días iría a verlo a Sonsonate, apenas pudo aguantar la respiración con las frases que leyó y leyó de Laura, guardo la carta en su cómoda y después de serrarla se recostó mientras se llevaba otro chocolate a su paladar se fue quedando dormido con una sonrisa en su boca que denotaba felicidad de quinceañero a pesar que pasaba ya los veinticinco años.
Solo un ruido que se escucho fuera de su alcoba lo despertó, era su perro “Bari”, que se alegraba de verlo y que rodaba en el suelo mientras Carlos le hablaba con palabras de camarada. Al fin consiguió su recompensa Bari pues Carlos le paso la mano sobre la cabeza y le dio uno de los chocolates traídos de Antigua Guatemala. Su madre entro y le dijo:
- Se alegra mucho de verte, casi no quería comer desde que te marchaste pero ahora correrá por la finca y volverá a ser el devorador de dulces que es.
Bari solo escuchaba y sabia que hablaban de el pues le dio unos colazos a la madre de Carlos; a lo que ella sonriéndose emprendió carrera y Bari la siguió hasta la cocina, Carlos solo escuchaba las risas a lo lejos de su madre jugando con el canino, se recostó y se quedo dormido profundamente.
Se llego el día señalado y el tren entro a Sonsonate a la hora acostumbrada de ese día domingo, Carlos vestía un traje muy elegante, acompañado de su bastón favorito se fumaba un habano. El tren se detuvo y los pasajeros comenzaron a descender lentamente, de pronto dos mujeres caminaban en dirección hacia el, una era Laura que ese día se miraba como salida de un cuento de hadas, y la otra era su madre, las seguía una tercera que era su sirvienta con dos maletas de cuero color rojizo. Carlos en su interior quería correr y estrecharla entre sus brazos pero su educación le ayudo para esperar pacientemente hasta saludarlas.
Abordaron el vehiculo y entre las calles empedradas de Sonsonate se encaminaron hasta la casa de Carlos. Fue cuestión de tiempo pues a escasas cuadras vivía Carlos Villalta; el automóvil se detuvo, mientras un hombre habría la puerta del auto motor y les señalaba la entrada principal, otro bajaba las maletas junto a la sirvienta de aquellas invitadas.
La sala de la casa era muy confortable y muy fresca, contrastaba con el calido clima de Sonsonate, pero la edificación era alta y en su patio existían árboles frutales que daban a una ventana de esta, por lo que aire fresco ingresaba e invitaba ha tomar el te de la tarde.
La madre de Carlos apareció con una charola entre su manos, cuatro tasas no de te, sino mas bien de café de altura conteniendo el sabor de la Majada seria el deleite de los invitados y los anfitriones. Parecía más bien una pincelada de un día cualquiera a excepción de las miradas que Laura lanzaba sobre Carlos; a lo que la madre de Carlos, señora refinada y muy lista comprendió que pronto el pájaro dejaría su nido.
La madre de Carlos contemplo y examino en una fracción de segundos a Laura y le pareció que contrastaban ambas personalidades; El un hombre fortachón y amigable hasta con el mas humilde de sus colonos, y que incluso comía frijoles y cuajada que le daban estos, muy buen montador de caballos y que era incapaz de enojarse, y ella como princesa consentida, todo indicaba dos caminos y dos rumbos equivocados, pero que podía hacer ella si el destino ya había trazado un sendero para bien o para mal.
Aquella tarde corrió como viento que lleva un torbellino, ya había anochecido y las dos huéspedes decidieron irse ha a un Hotel, ese mismo que tenia vista hacia las cristalinas aguas del rió Sensunapan, Carlos las acompaño hasta ese lugar y luego de registrarse se despidió de Laura dándole un beso en la mejilla, luego saludo a la madre de esta. Las dos mujeres ingresaron a la pieza que habían rentado y después de desempacar algunas cosas y decir sus oraciones se fueron quedando dormidas, el cansancio del viaje las había vencido.
El reloj marcaba cerca de las ocho de la noche cuando salio una sombra de aquel hotel, le pregunto al señor portero la dirección del parque y luego de agradecerle se dirigio hacia allá. La sombra era iluminada con unos farolitos de los pocos que habían quedado luego del ingreso del la energía eléctrica a Sonsonate.
Comenzó ha descender por las primeras gradas de parque Rafael Campos y al caminar cerca de diez metros una imagen le esperaba, sin decir ninguna palabra las dos sombras se entrelazaron mientras juntaban sus labios, el sereno camino cerca de ellos y saludo. – Buenas noches don Carlos. Pero Carlos era transportado en ese momento hacia lugares celestiales y no lo escucho.
Carlos había sido educado en Europa y esa noche después de besar a Laura la encamino hasta la puerta del Hotel, al ingresar ella silenciosamente ha la habitación de su madre en puntillas, se recostó delicadamente y se dispuso ha dormirse o tratar de hacerlo después de unos instantes de silencio su madre exclamo. –¿Lo viste hija? Ha lo que Laura comprendió que su madre aquella noche se convirtió en testigo cómplice de su primer encuentro con Carlos.
Al día siguiente muy temprano apareció el mayordomo de Carlos Villalta en la espera del Hotel, justo cuando Laura y su madre bajaban ha desayunar, el les explico que Don Carlos Villalta las invitaba ha desayunar junto a el en su finca, a lo que ambas doncellas aceptaron gustosas subiendo a aquel coche para comenzar su trayecto hacia la Finca.
Al avanzar con rumbo hacia las alturas Laura observo cerca de Juayua unas flores que nunca había observado y que le llamo su atención, convenció al chofer de detenerse y recoger algunas, al preguntarle cual era el nombre de aquellas este respondió que se llamaban Campanillas, al estar cerca de la finca Laura observo que la entrada que estaba formada por un arco de aquellas flores. Bajaron del auto e ingresaron a una estancia de aquel lugar muy fresco, al fondo el volcán de Izalco adornaba la campiña de cafetos complementados con la presencia de pepetos, aguacates, huertas de guineos y un sin fin de pájaros que cantaban.
La comida estaba servida, Laura sentada frente a Carlos y a la derecha de ellos la madre de Laura. Después de la tasa final de café Carlos la invito ha pasear por la finca montados ha caballo, pero solo Laura acepto y su madre se dispuso ha reposar en unos sillones de mimbre que estaba en la entrada del comedor.
Dos preciosos caballos fueron llevados hasta el lugar, Carlos ayudo a Laura ha montarlos y comenzaron su recorrido por aquellos lugares repletos de flora y fauna que años después desaparecerían.
Una hora y llegaron hasta el corazón de la finca una pequeña cabaña color blanco y con ventanales cubiertos con cortinas bordadas y blancas estaba frente a ellos, después de descender Carlos condujo a Laura hacia dentro y le enseño el lugar donde trabajaba y planeaba sus negocios. Los dos enlazaron sus miradas y mientras Carlos temblaba Laura lo abrazaba y besaba. Así transcurrió parte de esa mañana y solo unas velas fueron testigos de aquellos cuerpos sudorosos de amor.
Ya pasado el medio día regresaron ha la Casona de la finca, su madre le había preparado ha Laura su comida favorita, después de comer y contarse mutuas experiencias decidieron regresar hacia Sonsonate en el camino Laura estaba callada y su madre pensó que ha lo mejor estaba cansada por el viaje ha la finca.
Temprano estaban las dos mujeres acompañadas de Carlos en la estación del tren quienes se disponían regresar hacia la capital y luego ha su país Costa Rica, Laura sujetaba la mano de Carlos y le decía que le escribiera pronto a lo que Carlos le respondió afirmativamente. Subieron el tren y este lentamente emprendió despacio su salida de la estación, cerca de cien metros se detuvo bruscamente y un pasajero descendió; era Laura. Carlos al verla corrió hasta ella y después de abrazarse se prometieron jamás separarse. El tren se demoro una hora mientras bajaban el equipaje de aquellas personas, y aunque algunos pasajeros se molestaron, que importaba si era la prometida de don Carlos Villalta.
La boda fue especial y asistieron las personas mas acaudaladas de la ciudad, pero antes que esta terminara Carlos estaba con sus amigos, sus fieles empleados a los que agradeció por su ayuda en los preparativos a lo que ellos respondieron que si e estaba feliz ellos estaban felices, así era Carlos gentil y mas que un patrón era su amigo.
La cigüeña los visito después de ocho meses y así como mama Duvi trajo a este mundo a Carlos; trajo ha su pequeña hija Katia. La nena era bellísima y pronto la bautizaron y presentaron ante sus amigos, toda parecía transcurrir con normalidad en la vida de los Villalta.
Carlos viajaba y ganaba mucho dinero, Laura era feliz y la pequeña crecía. Una tarde Carlos regresaba de un viaje de los Estados Unidos, desde su llegada inesperada ha la capital sus amigos lo condujeron por vehiculo hasta Sonsonate, y no tubo que pasar por el incomodo Ferrocarril, al llegar ha la entrada de su residencia su perro Bari ladro anunciando que su amo había llegado, mientras ingresaba ha su sala espero encontrar a su esposa, pero solo la recibió mama Duvis, este le pregunto que donde estaba su esposa, a lo que esta le respondió que no sabia que la señora había salido muy temprano. Cargo ha su hija de cuatro años y después de darle unos regalos que le traía la beso en la frente mientras la pequeña se los enseñaba a su amigo en canino, eras unas muñecas muy bonitas que su papá le había traído de su viaje. Carlos entro en su recamara y se recostó mientras avanzo la tarde en su residencia. Cerca de las cinco su esposa entro y lo saludo al preguntarle Carlos donde había estado esta le respondió que en la finca, cosa extraña pensó, pues horas antes saboreo unas mandarinas que le había traído de la fina don Chepe Culebra, uno de sus colonos y este le hubiera dicho que su esposa se encontraba en ese lugar.
No paso ha mas y cierto día Carlos conversaba con su madre en la lujosa sala de su casa
-La niña cumple mañana seis años mamá, iré ha la capital para comprarle el traje que me pidió.
- Ten cuidado hijo. Exclamo la madre de Carlos.
Carlos le pregunto porque se encontraba triste y ella solo escondió el rostro. Carlos no comprendía porque su madre estaba deprimida, pensó que talvez por la falta que la hacia su padre. Llego hasta la estación del tren. Laura lo acompaño y después de despedirse el tren inicio su recorrido, al llegar ha Armenia había un telegrama dirigido para Carlos Villalta en el cual le decían que regresara inmediatamente a Sonsonate, un coche aguardaba por el y en cuestión de pocos minutos se encontraba en la ciudad decidió tomar un atajo para llegar por la parte de atrás de su casa, justo en el instante salía por una portezuela su esposa Laura, le pareció curioso que saliera como si se escondiera de alguien o algo, decidió seguirla unas cuadras pues ella no reconoció el automóvil estacionado a escasos metros; el se quedo estupefacto cuando diviso que su esposa entraba en una pequeña casa pintada de color blanco, decidió entrar lentamente pues no existía como obstáculo mas que un falso de alambre espigado, el cual sorteo y al llegar a un costado de la humilde vivienda sus ojos se perdieron en el mas siniestro espectáculo al contemplar a su amada en los brazos de otro, salio lentamente caminando y se monto en su coche con dirección hacia su casa sin escuchar así mil voces que en las calles le saludaban.
Sintió que envejeció mil años ante la escena y decidió esperar a su esposa cuando llegara para enfrentarla, su madre lo observo perdido en sus pensamientos y decidió aunque con temor preguntarle lo que ella había observado al seguir a Laura días atrás.
- ¿Que piensas hacer? exclamo la señora elegante.
- No se, respondió Carlos.
- Mañana tomo el barco hacia Alemania, y no me gustaría regresar y encontrarte mal hijo.
- No mama, no te preocupes lo voy ha afrontar como siempre he tomado la vida. Camino unos pasos, abordo su coche y emprendió el recorrido hacia la casa de su amigo Gustavo Díaz, junto al cual lloro y desnudo su corazón, ha esas horas Laura ya estaba de regreso sin imaginar que Carlos se encontraba en la ciudad. Carlos regreso a la capital junto a su amigo Gustavo para asistir a una importante junta de negocios.
La madre de Carlos se marcho a los pocos días hacia Alemania, Carlos le dijo a Laura que se marcharía hacia los Estados Unidos, y después de preparar sus maletas tomo el rumbo que muchas veces seguía. En la casa reinaba un silencio ese domingo, los sirvientes habían sido despachados temprano y una figura humana masculina ingresaba por la parte trasera de la casa, cruzaba por la sala para llegar hasta la recamara donde lo esperaba Laura, dos cuerpos quedaron tendidos después de unos minutos. Laura le entrego un arma al parecer un revolver y después de besarle en la boca le dijo:
Dentro de tres días regresa, hazlo y seremos libres.
Carlos regreso como siempre lo hacia de sus viaje, cargando regalos para sus seres queridos, pero ese día llego muy tarde y decidió primero visitar a su amigo Gustavo y entregarle los habanos que a el tanto le gustaban, corrieron los minutos y las copas de Vodka los llevaron hacia la noche. Carlos se despidió de su amigo y tambaleando camino hacia su casa, quien le podría hacer daño si era muy querido por todas las personas. Doblo por una de las calles justo cuando una sombra lo intercepto y sin mediar palabra percuto tres veces, para dejar tendido de bruces a Carlos quien se desangro inmediatamente.
El Doctor trato de detenerle la hemorragia pero Carlos se desmayo y suspiro sus ultimas palabras en aquella noche triste. Las voces corrieron inmediatamente y las primeras muestras de pésame llegaron hasta su esposa Laura quien lloro y se desmayó. Su funeral fue acompañado por casi todas las personas y después de despedirlo comenzaron las investigaciones para dar con el responsable. Todo parecía que quedaría en la impunidad pues las autoridades no podían imaginar quien podría ser el hechor y aun peor, ¿porque razón? Los días corrieron en el calendario y las autoridades estaban presionadas por lograr la averiguación pero tal y parecía que había sido el crimen perfecto. Pero todo dio un giro cuando las autoridades policíacas comenzaron a buscar un sospechoso, al fin tendrían al responsable, la gente colaboro y después de unos días tenían consignado a un sospechoso.
Su nombre era Raúl Trigueros, no pasaba de los veinte años, fortachón y de piel morena, una simple persona pero empleado de Carlos Villalta, encargado de sus caballos, pero podía ser cierto que una de las personas que mas quería Carlos fuera el asesino. Se instalo el jurado y las pruebas que tenían verdaderamente eran pocas, un testigo del que no habían revelado el nombre y un arma; mas toda la voluntad del Juez de hacer justicia. Desde el primer momento se había declarado inocente y repetía la misma coartada, en la cual mencionaba que el día de los hechos se encontraba en su casa, junto ha su mujer y su pequeño hijo incluso mencionaba que jamás había tenido entre sus manos un arma.
El juez hizo pasar al testigo que tenia la fiscalia y después de mencionarle que estaba bajo juramento este comenzó a relatar lo que aquella noche había observado.
Comenzó explicando que esa fecha se encontraba caminando después de salir de la cantina y al llegar cerca de donde se encontraban los montones de tierra de la Avenida Morazán, decidió sentarse a descansar recostado sobre una parva de tierra y unos costales de arena, mirando las estrellas estaba cuando decidió encender un cigarrillo y al sentarse observo un sujeto que caminaba tambaleante, cuando de presto le salio otro y le disparo tres veces y corrió con dirección al parque. El turno ahora seria de la defensa para interrogar al testigo, el fiscal pensó en voz baja y se lamento:
-Vaya testigo el que tenemos, un Ebrio.

El abogado defensor dentro de su traje fino y carísimo sabía que tenía todo para despedazar al testigo y defender a su cliente.
- ¿Testigo podría decirnos su nombre?
- Juan Esquibel.
- ¿cual es su edad?
- 40 años.
- ¿Y a que se dedica?
- Mecapalero.
- ¿Sabe porque se encuentra aquí?
- Porque soy testigo de un crimen.
- ¿Porque dice que fue un crimen, acaso vio al que lo hizo?
- Si lo vide.
- ¿Quien fue?
- Raúl Trigueros.
- ¿Esta seguro?
- Si licenciado.
- ¿Usted lo vio?
- Si
- ¿Donde lo vio?
- Cerca de la avenida Morazán.
- ¿Como ha que hora?
- Como ha las diez de la noche
- ¿A que distancia?
- Como veinte metros-
- ¿Testigo usted bebé guaro?
- ¡Objeción! Replico el fiscal.
- No ha lugar respondió el juez.
- ¿Testigo no es cierto que usted se emborracha todos los días?
- ¿Y que no le da nada a su mujer para comer?
- Conteste si o no.
- ¿Testigo no es cierto que ese día se emborracho en la cantina de don Tulio Cea?
- ¿Testigo no es cierto que usted se robo unos chumpes hace un año?
- No más preguntas señor Juez.
La cara del testigo parecía congelada y ya no sabia que responder, el fiscal solo se llevo las manos ha la cabeza y no interrogo ya a su testigo.
El jurado no tardo en tomar su decisión y declaro inocente al presunto hechor, el cual fue puesto en libertad de inmediato. Todo parecía terminar para la Justicia de Carlos Villalta.
Después de transcurrido un par de meses el juez junto a otra persona decidieron ir de casería y le preguntaron al armero de la ciudad que si conocía alguien que les acompañara por si se dañaba un arma, a lo que el le recomendó a Raúl Trigueros, el juez no recordaba a esta persona, por lo que el día señalado los acompaño, el juez poseía una mala puntería y al caer la tarde no habían logrado ninguna presa, justo en el instante en que regresaban por una senda de los entornos de Juayua, divisaron a lo lejos a un venado que bebía agua en un manantial natural, el armero empuño un rifle veintidós y de un solo tiro dio muerte a aquel animal, el juez quedo impresionado con la puntería de aquel joven y lo invito para la próxima cacería.
Justo a los pocos días de haber ido de cacería, una carta estaba sobre la mesa del señor Juez, en ella una mujer explicaba que tenia información valiosa acerca de la muerte de Carlos Villalta y que estaría dispuesta ha contar toda la verdad si prometían protegerla de aquel que la agredía continuamente.
El señor juez le enseño la carta al fiscal y este quedo perplejo al leerla y compararla con otra que tenia en su poder recibía días antes. El fiscal le explico al señor juez que si estaría dispuesto a reabrir el caso, a lo que le respondió, que si le presentaba pruebas concretas y contundentes. El fiscal le enseño la carta al juez y le pregunto:
- ¿Ya viste quien la firma?
- No, quien es ella.
- Roció Domínguez, la mujer de Raúl Trigueros, el que quedo libre.
- Señor Secretario.
- Mande señor Juez.
- ¿Sabe donde vive Raúl Trigueros y si esta en Sonsonate?
- Si, hace poco tiempo usted fue de cacería con el.
- Pero como es posible, que no me dijera, hubiera podido matarme en la finca.
- No le reconocí, talvez porque bestia ropa humilde y portaba un sombrero que casi le tapaba la mitad del rostro.
- Señor Secretario redacte el acta de detención.
En pocos minutos estaban en la puerta de Raúl Trigueros, y se lo llevaron para la comandancia; por lo que ahora si podrían probar que era el responsable del crimen de Carlos Villalta.
El juicio seria totalmente diferente, esta vez el fiscal preparo a sus testigos, y cosa mejor aun tenia nuevos. El primero en declarar fue nuevamente Juan Esquibel, pero esta vez el interrogatorio fue veras y el fiscal le serró todas las posibles preguntas contradictorias.
- Buenas tardes señor
- Buenas Tardes.
- ¿Podría decirme cual es su nombre?
- Juan Ezquibel
- ¿A que se dedica Don Juan?
- Acareo bultos en la plaza
- ¿Desde hace cuanto tiempo?
- Desde pequeño
- ¿Sabe porque se encuentra usted aquí este día?
- Si, porque soy testigo
- ¿Testigo de que?
- Testigo de un delito
- ¿Porque dice que es un delito?
- Porque vi. cuando mataron a una persona
- ¿Quien fue la persona que mataron?
- Don Carlitos Villalta
- ¿Recuerda la fecha?
- Si
- ¿Que fecha fue?
- El Catorce de Noviembre
- ¿Porque recuerda esa fecha?
- Porque ese día cumpla años mi hija
- ¿Podría decirme a que distancia se encontraba usted?
- Como ha treinta pasos
- ¿Podría caminar y mostrarnos cuan es eso?
- Si,
El testigo camino tal y como habia explicado y luego de señalar el juez le pidio de favor que regresara a su silla.
- Testigo otra pregunta: ¿Usted este día mentiria?
- No, jamas
- ¿Porque no mentiría?
- Porque estoy bajo juramento y seria contra la ley
- ¿Testigo Usted Toma?
- No,
- ¿Desde Cuando?
- Desde mas de dos años
- ¿Pero ese día lo vieron salir de la cantina?
- Si, fui a pagarle un dinero que le debía a don Cea.
- Testigo. Una ultima pregunta
- ¿Esta aquí la persona que mato a Don Carlos?
- Objeción!
- No ha lugar.
- Responda testigo.- Le ordeno el señor juez.
- El testigo miro hacia donde estaba Raul Trigueros.
- Si, fue Raul Trigueros.
- No más preguntas señor Juez.

El segundo testigo fue la mujer de Raúl Trigueros; el solamente bajo la mirada cuando esta comenzó ha narrar que el día de los hechos Raúl había salido de la casa como ha eso de las seis de la tarde y que se había llevado un revolver que alguien le había prestado, vendido o regalado, no podía decirlo con exactitud pero si manifestó que Raúl tenia un romance con una mujer de la sociedad, al preguntarle el señor Juez de quien se trataba, ella respondió que era Laura Villalta, esposa de Carlos Villalta, todos se turbaron y los voces bajas se escucharon en aquella corte. El señor Juez mando ha callar a aquella multitud que no daba crédito a los que presenciaban y escuchaban. La testigo relato los días y las veces que siguió a su marido hasta la casa de los Villalta, donde se encontraban, cuando no estaba Carlos, incluso pudo distinguir cuando Laura le entrego el revolver a Raúl.
Todo encajaba y parecía ser un crimen pasional, Laura que ese día de Litigio acudió como victima, ahora pasaba como cómplice del hecho. No pudo detergerse y le dijo al señor Juez que Amaba a Raúl Trigueros, y que era inocente pues ese día y ha esa hora el se encontraba junto a ella en una casa que rentaba para verse con su amante cuando Carlos estaba en la ciudad. Su abogado trato de ubicarla en un lugar diferente y que talvez seria procesada por adulterio pero no por homicidio, la estrategia del Abogado defensor casi resulta si no fuera por que un tercer testigo y de nombre Carmelita Carias narro su testimonio.
- Ese día me encontraba observando por una de las ventanas que dan a la calle, cuando escuche cerca de balcón la voz de una mujer decirle que lo matara lo antes posible porque solo así serian felices, el hombre le respondió que ya había
comprado los balas de las que explotan y que ese día lo haría, la mujer se despidió de el y después de besarlo en la boca se fue, el juez le pregunto de pudo verla y ella respondió que si, al consultarle el juez que la señalara esta extendió su mano hacia el Lugar de Laura.
La testigo continuo narrando que después de unos minutos, Raúl Trigueros se escondió frente a la ventana de la casa en la que ella trabajaba, a lo lejos Carlos Villalta caminaba tambaleándose y al llegar justo frente a la casa; Raúl lo intercepto y le disparo y luego se dio a la fuga, Carmelita Carias continuo narrando que a los pocos días de salir libre Raúl del primer juicio y mientras ella se encontraba cerca de la ventana escuche dos voces que le parecieron conocidas. Una era la de Laura y la otra la de Raúl, quienes se mofaban de la muerte de don Carlos Villalta y pensaban como cobrar las pólizas que tenia el difunto, después de unos minutos se despidieron y se marcharon. al observar por sobre la ventana pudo efectivamente distinguir a Laura y a Raúl. Laura trato de buscar los ojos de Raúl pero este pensaba en que decir para salvar su pellejo. En vano suplico y dijo que todo había sido culpa de ella y que nunca había matado a nadie. Laura se puso de pie e intento salir corriendo pero unas manos la detuvieron y era prisionera El Juez consulto con el jurado y este no tardo en tomar la decisión. ¡Culpable! Raúl trigueros moriría en el paredón por el homicidio de Carlos Villalta, Laura estaría muy pronto ante la justicia y pasaría un largo tiempo en la cárcel por ser cómplice.
Todo mundo acudió al fusilamiento, al preguntarle que deseaba como ultima voluntad solo pidió unos panes y un café, un sujeto con barba y con ropa andrajosa se los llevo y después de dárselos le deseo una feliz muerte mientras se despedía nombrándolo con el sobre nombre de ”Pichón”, en un segundo se recordó de quien era la única persona que le decía así. Comió y luego camino hacia el pelotón y mientras moría recordó que la única persona que le llamaba “Pichón” era Carlos Villalta.
Laura perdió casi el total de sus cabales y después de ser encontrarla culpable su semblante cambio totalmente. Un día mientras se encontraba en su prisión un hombre se le acerco y después de mirarla de lejos le dejo cerca de la puerta unos dulces de Higo en una canasta con una tarjeta que tenia a su reverso el nombre de un hotel, gravado la frase “Antigua Guatemala”, ella llamo a los guardias pero estos al escuchar lo que ella gritaba exclamaron:
- Pobre loca.
- Esta gritando que su esposo esta vivo, cuando ella misma lo mando ha matar.
- No la escuches.

Pero Laura siguió gritando cosas incoherentes y repitiendo que Carlos Villalta estaba vivo.
Afuera un hombre encendió un lujoso automóvil y mientras se desplazaba en una de las calles de la capital, encendió un cigarrillo y condujo hasta una muy elegante residencia, luego de entrar una mujer lo recibió y le pregunto:
- ¿Ya?
- Si, ya esta todo resuelto.
Salieron rumbo a Europa en uno de los barcos veloces, hasta que cierto día caminaban por la cubierta mientras un sujeto se les acerco y les dijo sorprendido:
- Buenas tardes don Carlos.
- Buenas tardes señor Juez.
- Solo dígame una cosa, ¿Porque?, ¿Cómo? y ¿Cuando?
- ¿Porque? Porque me di cuenta que Laura solo quería matarme para quedarse con mi dinero.
- ¿Cómo? Roció Domínguez, me lo contó, al encontarle una carta que Laura le Mando a Raúl, en la cual le decía el día que debía matarme.
- ¿Cuándo?, Seria el día quince, por lo que decidí adelantármeles.
- Pero no habría podido librarme sin mi prometida Rocio Domínguez, a ella le debo mi vida y no puedo pagarle menos que con amarla y hacerla muy feliz.
- Pero y Carmelita Carias?
- Ella observo la realidad. Pero recuerde que ya pasa de los ochenta años.
- Solo que no fue Raúl trigueros el que me disparo, pues este posee una buena puntería y de haberlo hecho no habría fallado.
- Hágame un favor, dijo Carlos. Mientras le entregaba una maleta pesada.
- Deshágase de esto.
Al abrirla el señor juez encontró un chaleco protector con tres orificios de entrada y mientras nadie miraba el arrojo por la borda para hundirse en lo profundo del mar.
El barco llego a su destino, al bajar por la escalera el señor Juez le recordó que no podría regresar a su país, Carlos le sonrió y le dijo, Ya se Olvido que no existo, un señor con un abrigo le esperaba en el muelle y al llegar cerca le pregunto:
- A la Casa o al Hotel señor?
- Carlos le dijo que prefería caminar y tomo rumbo desconocido
- El juez le pregunto. ¿Sabe quien es el?
- Claro, es el Señor Roberto Liebes.
El juez no le quedo más que sonreír y desearle en su pensamiento lo mejor, justo cuando la madre de Carlos cruzaba con la pequeña Katia de la mano y lo saludaba.
- Buenas Tardes señor Juez
A lo que el juez le pregunto:
- Señora explíqueme. ¿Porque no viajo directamente de Alemania, si sabia que su nuera tenia un amante?
- A Usted Don Carlos la habría escuchado.
- Simple señor Juez
- Porque entorpecería las investigaciones y pensarían que declaraba por venganza y por favorecer a mi Hijo Carlos.
- Por lo que decidí no participar en este drama.
Al regresar a Sonsonate el señor juez pensaba y pensaba y luego de muchas horas le pregunto a su secretario:
- Que pasaría con la fortuna de Carlos Villalta?
- No lo sabe aun?
- Vendió sus propiedades y su esposa no lo sabía.
- Y quien las compro?
- Un tal Roberto Libes, pero dicen que es extranjero y nombro de administrador al señor Gustavo Díaz.
- Señor Juez esta caja llego para usted cuando andaba de viaje.
Al abrirla encontró un reloj de bolsillo de oro y una nota que decía.
- Para mi buen amigo El Licenciado Ramírez, y estaba firmada por Roberto Libes. Lo guardo y esta vez solo sonrió.

Con el tiempo las personas de Sonsonate olvidaron lo sucedido, nacieron nuevos habitantes y fallecieron otras mas. Un día chepito Perica llego corriendo hasta donde se encontraba su abuelo, este apenas podía ver pero le escucho sus gritos.
- ¿Que sucede Chepito?
- Abuelito alguien te busca
- Ja, la muerte me busca desde hace tiempo.
- No abuelito es una muchacha.
- Hazla pasar a la estancia le dijo a su esposa, que estaba igual de ciega.
- Si, buenas tardes ¿quien me busca?
- Katia. Señor juez.
- ¿Como sabe que fui Juez?, pues eso fue hace tanto.
- Esto es para usted.
El juez pudo oler unos habanos, que hacia tiempo no olía
- Hace muchos años que no los olía.
Encendió uno, mientras agradeció a la doncella, la cual sin decir nada se marchaba.
- Ha dígale a Don Carlos, que gracias.
Ella solo volteo y sonrió, continúo su camino hasta un lujoso automóvil que la esperaba fuera de la casa del Juez.

Jose Alejandro Nerio Pineda

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